Aquí se escribe sobre...

Todo aquello que aún se recuerda de nuestra infancia, los juegos, las experiencias, lo que comíamos, lo que veíamos o lo que creíamos que eran las cosas cuando nadie nos explicaba. Aquí se retrocede para traerlo de vuelta
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Paaare Chofer!

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Recordado por Quiltro | Categoría(s) | El día miércoles, julio 29, 2009


Me da nostalgia. La micro la tomé alguna vez cuando costaba 50 pesos. Esas que tenían como caras de animales siempre con los ojos alerta. Asientos como butacas viejas de cine y el suelo metálico con diseños de palitos zigzagueantes. Cuando era chico si alguien me preguntaba donde vivía yo respondía con total seguridad "Bilbao Lo Franco" qué iba a saber yo que ese era el nombre del recorrido. Las micros eran antes muy distintas entre sí. Variaban en tamaño, forma, marca, colores, llantas. Me gustaban sus neumáticos con huincha blanca, su palanca de cambios con insectos en la bola, o ese material como de pelota saltarina, sus distintos ruidos del motor. Cómo olvidar sus letreros de recorrido "Pila-Ñuñoa", "Carrascal-San Carlos", "Nuevo Amanecer", "Plaza Egaña-Lourdes" o "Matadero Palma" de la línea cuatro Ases.
Cuando salieron las amarillas, fue un duro golpe a mi viaje en micro. Toda esa ansiedad del gobierno por ordenar lo que en realidad no molesta. Si hasta los boletos desaparecieron, para matar la entretención. Ya nadie suma los números para saber con que letra empieza el nombre del amor de su vida.No creo que hayan sido mejores en calidad de servicio, que los buses de ahora. Pero tenían colores, tenían vida, detalles en que distraerse. La gente ahora se sube a un bus sin espectativas, pues todos saben que es blanco con verde, ni tampoco espera un vuelto y un boleto. ahora todos nos ponemos audífonos para ni siquiera mirarnos










Las Retrocletas

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Recordado por Quiltro | Categoría(s) , | El día domingo, junio 21, 2009

Debi tener unos cinco o seis años, nunca me acuerdo bien de las edades, pero sé que era muy chico para una bicicleta, y muy grande para andar en coche. Mi madre me había regalado un auto a pedales. y lejos era lo más novedoso para mí, en cuanto a experiencias se trataba. Era por decirlo así, un niño ya independiente. Podía llegar donde quisiese sin bencina ni peajes, sin que mi madre me tuviese que llevar. sentía en mi cara el viento de la aventura, mientras pedaleaba a toda fuerza por las calles de mi barrio. Obvio que no
cruzaba las calles, sino que daba vueltas a la manzana, pero eso ya era para mí, insuperable.

Donde vivía, tuve la suerte de tener muchos amigos y si bien no era el líder, nunca me importó, era mejor así, simplemente era uno más de la pandilla.
Habían tres hermanos, dos hombres y una niña. Me acuerdo de ellos por dos razones. La primera era que podían voltearse los
párpados hacia arriba, y dejárselos así para asustar a los más pequeños de la pandilla, como yo. Los tres podían hacerlo y en verdad se veían horribles.
La otra razón es que tenían unas bicicletas extrañas. No eran como
las de los otros niños, a quienes los veía siempre en sus BMX ochenteras. las de los hermanos tenían otra geometría, otros colores, otros diseños. Usaban asientos grandes y largos, y frenaban hacia atrás, tenían cartones en los rayos, varillas que colgaban en sus puntas banderines y colas de zorros. me daban miedo en realidad, eran como rebeldes, como maldadosos
y sus bicicletas eran el fiel reflejo. Pasaron los años y el recuerdo se fue tapando con miles de otros quizás más frescos, o más importantes hasta que 25 años después, una pareja me trajo de regreso aquellos
momentos. Nos juntamos a andar en bici un día y llegó con su "Caloi Berlinetta". Mucha gracia no
le encontré, pero al subirme a ella fue como si redescubriese la forma de andar en bicicleta. Tenía mucho estilo y era tan cómoda que fue en ese momento cuando descubrí una nueva afición. Le compre a un caballero en una feria de San Pablo una destartalada Caloi Fórmula C y la restauré con un amigo. Después siguieron otra y otra más y así hasta llegar a tener 8 bicicletas. Vendí por espacio algunas, casi todas a gente conocida. Todavía tengo ese instinto de ver una bici rara y descubrir una de esas retrocletas. Nada como ellas